IGLESIA GRAN COMISION, Guatemala

Rev. Miguel Antonio Muñoz V., Pastor

TÍTULO DE LA SERIE: Creciendo en carácter

TÍTULO DEL MENSAJE: Maestros de la humanidad

ORDEN DEL MENSAJE: Segundo de tres

 Mateo 5:13-20

 

INTRODUCCIÓN:  La sal siempre ha sido un artículo de importante necesidad y de gran demanda.  Antiguamente, los griegos decían que era sencillamente divina.  Se dice que con frecuencia los soldados romanos aceptaban como sueldo cierta cantidad de sal (de allí "salario").  Ceremonias religiosas dentro de la ley de Moisés requerían uso de la sal.  Incluso, muchos pueblos no judíos la consideraban una ofrenda digna para sus dioses.  La sal es importante porque es muy útil.  Entre sus utilidades están: dar sabor, preservar alimentos, purificar, usarse como antiséptico, fijar colorantes en la ropa.  Como dice un comercial de televisión, también se usa para provocar más sed, y entonces tener que comprar una gaseosa.  Así como es de útil la sal, así debería serlo un cristiano.  Fue de la boca misma de Jesucristo que salió la declaración de que los creyentes somos la sal de este mundo.  Y no sólo eso, sino que mucho más.  Veamos el texto en Mateo 5:13-16.  [Leerlo]

(Habiendo leído este texto, nos damos cuenta que...)

I.           EL REINO DE DIOS NOS LLAMA A HACER BUENAS OBRAS. (13-16)

A.   Ser sal es el sentido más alto de utilidad para nuestro prójimo.

1.    ¿Qué pasaría si la sal pierde su sabor?  Para nada sería útil.  Siendo nosotros la sal de la tierra, ¿podemos volvernos insípidos?  ¡Claro que sí!  Eso ocurre cuando somos negligentes, intransigentes o ignorantes con las necesidades de nuestra comunidad.  Podemos perder el sabor de bondad, teniendo tan sólo una apariencia de piedad, pero sin ningún poder.  Decimos, entonces, que perdemos el sabor por elección propia.  La facultad de ser útiles... ¡Claro que puede decaer!  ¡Cuidemos que no sea así!  Tú decides si eres útil o si no lo eres.

2.    La sal que usamos hoy en día no puede perder su sabor, pero sí la que usaban en aquel tiempo.  Provenía, principalmente, del Mar Muerto, con una mezcla de minerales.  La sal podía diluirse en agua y perderse, quedando los demás minerales con apariencia de sal.  También el creyente puede perder su salinidad.  Puede que mantenga la apariencia de "buenón", pero que sea insípido.  Yo no quiero ser desechado ni pisoteado por los hombres.  Estoy seguro que tú tampoco.  Mejor atrevámonos, como dijo alguien, a ser "un antiséptico moral en un mundo corrompiéndose cada vez más".  No seamos sal en el salero, "caigámosle" al mundo con buenas obras.

3.    Seamos útiles a otros hombres.  Ser de utilidad es un deber y por supuesto que un privilegio.  Una persona es útil cuando hace el bien.  Como sal para el mundo, debemos despertar para todo tipo de necesidades en las que podamos contribuir a su solución.  Tal vez sólo se requiera de nosotros para ayudar en asuntos de relaciones interpersonales [Ejemplos específicos].  En todo lugar podemos conocer a alguien que necesite que le muestren que vale la pena vivir, que puede descubrir un propósito en la vida que valga la pena.  Podemos ser de influencia en nuestro centro de estudios, o en nuestro lugar de trabajo [Ejemplos específicos].

B.   Ser la luz de los hombres es el mejor esfuerzo por guiar a otros al Reino de Dios.

1.    Para la nación de Israel esta exhortación no era algo nuevo.  Dios ya les había dicho "... te di por luz a las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra." (Is. 49:6)  Israel había fallado en cumplir ese propósito.  Pero Jesús llama de nuevo:  “Vosotros sois la luz del mundo.”  Es como si dijera:  ¡Váyanse arriba, es tiempo de que alguien acepte el llamado!

2.    Siendo la luz del mundo, no debemos escondernos de él.  "Así alumbre" implica un esfuerzo de parte nuestro para estar en lo alto.  Es un llamado a desarrollar la influencia adecuada sobre el mundo.  Esa influencia viene del creyente que está cumpliendo la justicia del Reino de los cielos.  Ese cumplimiento parte de la disposición a crecer en madurez, a crecer en carácter, sin hacer a un lado el deseo mismo de servir a Dios cada día más y mejor.

3.    ¡Si no brillamos, no estamos siendo luz a los hombres!  Más bien seríamos oscuridad y tropiezo.  Piensa qué será  más fácil: ¿Compartir el Evangelio a alguien a quien hemos servido; ó, a alguien a quien le hemos causado tropiezo?  Nuestras buenas obras deben ser evidentes delante de todos.  Delante, porque el mundo está en oscuridad, necesitado de propósito (de sal) y de dirección (de luz) para vivir.  Leemos en Filipenses 2:15 que estamos "en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo."  El mundo nos necesita como un capitán de barco necesita de las boyas luminosas para entrar a un puerto.  Nos necesita así como un piloto aviador necesita la iluminación de la pista de aterrizaje.  De lo contrario, al mundo le sobrarán razones para no aceptar el cristianismo.

4.    Los creyentes somos la luz del mundo al estar sometidos al reinado de Cristo, porque Él es la Luz del mundo [Jn. 1:4-9 y 8:12].  Sometido al Reino de los cielos, el cristiano refleja la luz del Rey.  Respondamos entonces a estas demandas del Reino, para ser verdadera luz. Comunicar el mensaje de salvación es la manera primaria de ser luz.  [Otros ejemplos]

C.   Hagamos las buenas obras de justicia que el Reino de Dios demanda.

1.    Insistimos: Debemos vivir de cara al mundo.  Nuestra vida debe ser visible a todos.  Es la luz que tenemos para hacer ver los alcances del Evangelio.  Nuestra vida trasformada y nuestras buenas obras a favor de otros, son el testimonio de Dios que Su Reino demanda.  Necesitamos hacer nuestra la oración de Pablo por los filipenses.  Seamos "llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios." (Fil. 1:11)

2.    ¡La luz no se ve... hace ver!  Nosotros, con nuestras buenas obras, somos los que hacemos ver al Dios digno de recibir la gloria.  No dirijamos la mirada de la gente hacia nuestras obras, mucho menos a nosotros mismos.  La meta debe ser glorificar a Dios.  Eso significa mostrarlo ante la gente con todo Su poder, todo Su amor, toda Su bondad, toda Su misericordia.  Dirijamos la mirada de la gente hacia Dios.  El propósito de que nosotros honremos la justicia del Reino es que la gente le dé gloria a Dios.  "... para que los que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras." (1 P. 2:12)

(El Reino de Dios nos demanda que pongamos en evidencia nuestras buenas obras.  Leamos ahora los versículos 17 al 20.  [Leerlos]  Con esto nos damos cuenta que, además del llamado a hacer buenas obras...)

II.         EL REINO DE DIOS NOS LLAMA A ENSEÑAR CON EL EJEMPLO. (17-20)

A.   La moralidad del Reino de Dios son las obras de justicia que desde el Antiguo Testamente se vienen enseñando.

1.    Aquí Jesús le da pleno valor al AT ("la ley y los profetas"), haciendo y enseñando la justicia del Reino.  Esa es una razón por la cual este es el pasaje más importante del Sermón del Monte.  Es el corazón del mensaje de Jesús.  La justicia de Dios debe respetarse en el Reino que ya está vigente.  Se requiere que los creyentes, respetando la justicia del Reino, enseñemos también a otros a respetarla.

2.    Veamos algunos detalles del texto.  La expresión "dar cumplimiento" puede tener tres significados:  (1) Llevar a cabo todas las demandas del AT.  (2) Poner fin a las leyes ceremoniales y rituales, al cumplirlas de una vez por todas en el sentido de ya no necesitarlas más.  Y, (3) Dar una interpretación acertada y ampliada.  Aunque Jesús hizo esas tres cosas, hay evidencia para aceptar el tercer significado en este contexto.

3.    Los judíos se habían hecho la idea que el Mesías anularía el viejo pacto porque Jer. 31:31 anuncia que habría uno nuevo.  "Que ni se les vuelva a ocurrir", podríamos parafrasear que les dijo.  La iota, o jota, es la letra más pequeña del alfabeto hebreo, incluso su equivalente en griego.  En esa proporción equivale a señalar nuestra letra i.  El término tilde se refiere a una pequeña marca que se usa para formar algunas letras en el idioma hebreo.  Podemos compararlo, en forma no en función, al acento castellano.  Jesucristo es categórico al poner en evidencia la vigencia del AT al definir "hasta que" cielo y tierra hayan pasado.  Eso ocurrirá precisamente después del milenio.  Así que hasta entonces, las enseñanzas sobre el Reino de Dios en el AT, y su consecuente demanda de justicia, está vigente.  Jesús obedeció el antiguo pacto que la nación de Israel no había cumplido.  Llegó a ampliarlo con el nuevo, no a anularlo.  Eso explica por qué aprox. el 10% del NT está constituido por citas del AT.

4.    Estos detalles refuerzan la idea de que hay que cumplir con las demandas del Reino que exige el AT.  No para ser salvos, sino para que los salvos seamos sal y seamos luz (Ef 2:8-10).  Los detalles también refuerzan la idea de tener que enseñar la justicia.  Del v.19 deducimos: enseñar haciendo.

5.    En el v.19, Jesucristo está atacando la hipocresía del legalismo farisaico.  Su seguimiento a la letra de la ley, mató en ellos el espíritu de la ley.  Sin lugar a dudas que Jesús corrige el error de los fariseos.  Estos insistían en la vigencia del AT, pero le daban una interpretación legalista y externa.  Ignoraban así la intención de Dios al promulgarla.

6.    Hacer, en el sentido de obedecer, y enseñar, es lo correcto en la vida de un creyente sometido a su Rey.  Tal como lo dice Lucas en Hch 1:1, "acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y enseñar."  Contrario es a lo que Jesús dice de los fariseos, que estos "dicen, y no hacen" (Mt. 23:3)

B.   ¡El Reino de los cielos demanda que nuestras buenas obras sean genuinas y en abundancia!

1.    Hacer justicia es el tema central del “sermón del monte”.   Por eso este pasaje es el más importante de este sermón.  Jesucristo hizo y enseñó las buenas obras de la justicia del Reino.  Así debemos hacerlo nosotros.

2.    El v.20 no se refiere a salvación.  Está poniendo en evidencia lo que debe ser el fruto de la salvación.  El fruto de la salvación es aprender a vivir y enseñar a vivir una vida justa.  Las obras de los fariseos no eran realmente buenas ni justas.  No eran genuinas.  Así que tampoco por eso ni siquiera podemos decir que realmente eran abundantes.

3.    El enfoque del versículo es lo que Israel debió haber cumplido y que hoy en día la Iglesia debe cumplir para ser sal y luz.  Lo que tenemos aquí es un precedente a lo que será la gran comisión del final del libro, "id... enseñándoles."  El enfoque, entonces, no es salvación, es definición de propósito y misión para los que ya han entrado al Reino. ¡Somos responsables de enseñar a disfrutar la vida cristiana!

4.    Es necesario que aquí hagamos énfasis en recordar que la misión no sólo se cumple proclamándola, sino viviéndola.  Vivirla, enseñarla.  Obedecerla, enseñarla.  Modelarla, enseñarla.  De lo contrario no seremos más que fariseos.  La justicia de los fariseos, por consistir en enseñar pero no en hacer, es una justicia de méritos propios.  Como tal, revela que no se entiende la intención de la justicia que enseña la ley.  Mucho menos se entenderá, entonces, cómo y para qué nos ha salvado Jesucristo.

5.    Nuestra justicia debe abundar más y más.  Debe superar, a la de los fariseos.  Recordemos que ellos pretendían ser los más cuidadosos en el cumplimiento de la ley.  El problema con los fariseos es que ellos estaban orgullosos de ellos mismos y de su secta.  A sí mismos, y a su secta, se exaltaban, en lugar de a Dios.  Para no caer en eso, debemos hacer valer primero esa justicia en nuestro corazón.  Que sea en nuestro hogar que primero se sepa que es Jesús obrando en nosotros, en lugar de nosotros por nuestros propios méritos.  Importancia semejante tiene nuestra motivación.  Esta debe responder con cualidad espiritual y no material.  Nuestro fin último, en todo este proceso de justicia y buenas obras, no es que seamos salvos, pues ya sabemos que la salvación es por gracia por medio de la fe, sino que Dios sea glorificado.

(El Reino de los cielos nos demanda que pongamos en evidencia delante de los hombres nuestras buenas obras.  Requiere que, abundando en ellas, enseñemos que estas sean imitadas. ENSEÑEMOS AL MUNDO CON NUESTRO EJEMPLO QUE VALE LA PENA VIVIR CONFORME A LAS OBRAS QUE EL REINO DE DIOS DEMANDA.)

 

CONCLUSIÓN:  Jesucristo nos ha mostrado como el AT pide un testimonio que debe cumplirse en nuestra vida personal.  Es un testimonio de justicia.  Es un testimonio de buenas obras.  Es una ética para influenciar al mundo.  Es una demanda, una implicación del Reino vigente de Dios, al que hemos entrado por medio de la fe en Jesucristo, para que seamos sal y luz.  ENSEÑEMOS AL MUNDO CON NUESTRO EJEMPLO QUE VALE LA PENA VIVIR CONFORME A LAS OBRAS QUE EL REINO DE DIOS DEMANDA.


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